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Actualidad | 13 JUN 2016

Platko, dos poemas y un tango

Recordamos la heroica actuación del mítico portero húngaro de FC Barcelona de los años 20 que inspiró varios poemas de afamados escritores de la época y una canción del más famoso cantante de tangos de la historia.

Veinte de mayo de 1928. Santander, Campos de Sport del Sardinero, a orillas del Cantábrico. Final del Campeonato de España de Fútbol, actual Copa del Rey. Juegan el FC Barcelona y la Real Sociedad de San Sebastián. Seguramente habría sido recordada por su extraordinaria duración –doscientos setenta minutos, o sea, tres partidos–,  si del barro no hubiera surgido el héroe más inesperado, Ferenc Platko, guardameta húngaro del equipo catalán, y si, como a tantos otros, a este no lo hubieran cantado los poetas. 

De esta forma se relataba en "Sport Cantabria" el episodio más destacado del partido: 

Cuando la Real estaba achuchando la portería catalana, su delantero centro Cholin, en una posición envidiable, avanzó hasta la portería. Cuando el gol parecía inevitable, el guardameta Platko realizó una gran estirada y se arrojó sobre el pie del jugador donostiarra, conteniendo así el tiro, pero a cambio de recibir en la cabeza el golpe destinado al balón. La patada fue brutal, Platko quedó conmocionado y tuvieron que retirarle del campo para aplicarle seis puntos de sutura en la herida ensangrentada”. 

A pesar de los consejos del médico y de sus propios compañeros, el "oso rubio" siguió jugando y salvó a su equipo de la derrota. El partido terminó con empate a uno. Por suerte, no existían entonces las injustísimas tandas de penaltis y el encuentro se repitió, con el mismo resultado. A la tercera fue la vencida: el Barcelona ganó 3 a 1, pero eso ya es fútbol... 

Al primer encuentro asistieron como espectadores dos grandes poetas: Rafael Alberti, que se encontraba pasando una temporada en Tudanca, en casa de José María de Cossío, para terminar Sobre los ángeles  y Gabriel Celaya, reconocido aficionado realista,  y también el que seguramente era el cantante más famoso del momento en España: Carlos Gardel

Así cuenta el lance el poeta gaditano, con lucidas hipérboles, bélicas metáforas y algunas licencias futbolísticas –no existían las sustituciones en la época–, en su libro de memorias La arboleda perdida

"En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente por los del Real [sic] que quedó ensangrentado, sin sentido, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre los brazos. En medio de ovaciones y de gritos de protesta, fue levantado en hombros por los suyos y sacado del campo, cundiendo el desánimo entre sus filas al ser sustituido por otro. Mas, cuando el partido estaba tocando a su fin, apareció Platko de nuevo, vendada la cabeza, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar". 

Una semana después del partido, puso en verso aquella gesta y apareció en el diario "La voz de Cantabria" la "Oda a Platko", quizá el poema de contenido futbolístico más famoso escrito en español: 

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heroico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría!
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría!
¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.
 

A Gabriel Celaya, guipuzcoano de nacimiento y txuri-urdin de corazón, no le gustó nada cómo se desarrollaron aquellos partidos, y tampoco le hizo mucha gracia el poema de su amigo Alberti… Para él no fue Platko, sino el arbitraje, el causante de la derrota final. Y contraatacó con esta "Contraoda del poeta de la Real Sociedad": 

Y recuerdo también nuestra triple derrota
en aquellos partidos frente al Barcelona,
que si nos ganó, no fue gracias a Platko,
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizá más que tú,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque yo estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados. 

La polémica era ya entonces consustancial al fútbol, ya lo adornaba, lo revitalizaba y lo hacía crecer. Benditas aquellas discusiones a versos… 

   La estatua de Carlos Gardel en el estadio del Club Nacional de Uruguay

¿Y Gardel?... Pues también debieron de impactarle aquel partido y aquel Barcelona, porque llegó a cambiar la letra de un famoso tango de tema futbolístico, Patadura, para eliminar los nombres de futbolistas argentinos e introducir en él a Piera, Sastre, Samitier, Zamora… y Platko: 

Querés jugar de forward y ser como lo es Piera,  
pa’ hacer, como hace Sastre                        
de media cancha un gol,
querer hacerle goles al colosal Zamora,
y ser, como lo es Sami, el mago del balón
Chingás a la pelota,      
chingás en el cariño,     
el corazón de Platko      
te falta, che, chambón.
 

No recuerdo quién dijo que en el fútbol la única justicia verdadera es la poética, la que merecen por igual los héroes vencedores y los héroes vencidos... Bueno, a lo mejor no lo dijo nadie, pero es verdad.

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