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Actualidad | 13 SEP 2016

La agonía del fútbol

¿Sabes de dónde provienen palabras como cancerbero o ariete? En este curioso artículo, la Universidad de Salamanca repasa el uso en el argot futbolístico de algunos términos típicamente bélicos.

Agonía

Del lat. tardío agonĭa 'lucha, combate', 'angustia', y este del gr. ἀγωνία agōnía. 

(Real Academia Española: Diccionario de la lengua española)

 

El fútbol es –todavía– un deporte y, como tal, tiene un componente agónico, de lucha, ineludible. Dentro de ese terreno de la disputa, del enfrenamiento, se explica perfectamente el uso de términos como vanguardia, retaguardia, disparo, cañonazo, cañonero, obús…, que un delantero tenga la pólvora mojada, que el equipo que va perdiendo haga cambios para meter toda su artillería, que un entrenador siembre de minas el centro del campo o que establezca una línea Maginot al borde de su propia área. También tienen pleno sentido palabras que, aunque más eruditas por su etimología, no dejan de desprender ese aroma bélico o, por decirlo con más propiedad, épico, término también de origen griego, aunque filtrado por el latín, que se aplicaba, y aún se aplica en Literatura, a los poemas que ensalzaban las hazañas de dioses, semidioses y héroes. No es extraño oír que tal o cual equipo, diezmado por el cansancio, las lesiones y las erróneas decisiones arbitrales,  consiguió una victoria épica –que no pírrica, aunque esto nos dará para otra historia– contra otro, en teoría muy superior y en plenitud de facultades físicas.

No hay enfrentamiento si alguien no ataca y si otros no defienden –el mismísimo Pero Grullo firmaría tan peregrina afirmación–y no cabe duda de que en esta pelea quienes llevan más las de ganar o las de perder son los que se hallan en primera línea de fuego: el portero y el delantero centro, el cancerbero y el ariete respectivamente.

En la mitología griega era el can Cerbero una especie de espantoso perro de tres cabezas con cola de serpiente y otras tantas bichas por el lomo que guardaba las puertas del Hades, la morada de los muertos, para que los que en él habitaban no salieran y para que los vivos no las traspasaran. Aquellas puertas eran infranqueables, no habría podido con ellas ni el más poderoso ariete, esa enorme viga de madera con cabeza de carnero (aries, arietis en latín, como el del horóscopo) que, balanceada por un buen número de soldados, se usaba para derribar portones y murallas y que con frecuencia hemos visto en el cine.

Por cierto, como en tantas otras ocasiones, solo la música fue capaz de amansar a la fiera, en este caso la de Orfeo, que bajó, armado solo con su lira, a rescatar de las tinieblas del inframundo a su amada Eurídice.

© LaLiga - Año 2016

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